Todos somos Poe

OS CONTARÉ ALGO…

Edgar Allan Poe es un referente en la literatura actual, lo fue en la literatura que hemos estudiado en clase, la que hemos leído, y lo será en la literatura futura. ¿Por qué? Fue el maestro en el arte de los relatos.

¿Y qué es un relato? La respuesta es simple: una pequeña historia con un inicio, un desarrollo y un desenlace, ¿no? Y pensarás: “ok, ¿y ahora qué?”, pues es sencillo también: todos contamos historias, a nosotros mismos, a un amigo, a un hermano, a tu pareja, a un diario…

Sin embargo, contar algo en el 99% de los casos es imposible. Te diré por qué… Por los narradores. Y tenemos muchos tipos a nuestro alrededor.

Primero están los narradores-persiana, es decir los que se enrollan como las persianas y terminas por no enterarte de nada, porque después de dos horas continúa en el detalle de que una rama se rompió a su espalda mientras caminaba por el campo. De repente y durante un rato, esa rama está relacionada, sin tú saber cómo, por algo de las finanzas de su trabajo. Y por más que intentas decirle que siga con la historia, entonces vuelve otro detalle que en este caso tiene que ver con una chica que conoció hace un mes, por ejemplo.

Segundo, los narradores-show, los que ni te enteras de la historia porque pasa más tiempo gesticulando, riéndose, levantándose, poniendo voces que no van con él y, evidentemente, así uno está más atento de que este tipo de narrador no te vaya a meter el dedo en el ojo que de escuchar la historia en sí, o que enfoques el interés en la risa que te provocan sus pericias. ¿No os ha pasado que cuando alguien cuenta fenomenal un chiste malo días después te ríes tú solo recordándolo, cuando en realidad el chiste era penoso, sin gracia, pero la persona lo contó genial?

Tercero, los narradores-incomprendidos, aquellos que se lo están contando a alguien que no deja de interrumpir, es decir que tampoco te enteras porque siempre está ese listillo que pretende saber más que el propio narrador. Y llegas a un punto que dejas de prestarle atención para centrarte en el listillo, que no sabes si habla a voces porque tiene problemas de audición o porque quiere ensombrecer al narrador. Por tanto, el relato se ha perdido, no sabes cuándo, ha nacido una nueva historia centrada en un nuevo protagonista.

Cuarto, los narradores-saca corchos, aquí directamente te encargas tú de crear la historia a base de un interrogatorio exhaustivo porque no hay manera de sacar información. Entonces pueden resultar dos cosas: una, que desistas en el intento porque te canses de hacer preguntar obteniendo solo monosílabos (tu interior se revolucionaría con lo que conocemos como “impotencia rabiosa”) y dos, que te deje de interesar precisamente porque no sacas nada en claro (“paso palabra”).

Quinto, los narradores-einstein, o “sabelotos”. Aquí, lamentándolo mucho… ¡estás perdido, amigo! Porque no existe un rincón lo suficientemente amplio para esconderte de estos depredadores. Eres la liebre que por mucho que corra siempre será capturada por el águila. Se creen todopoderosos porque ellos son los únicos que saben lo que te van a contar, sin importar que tú ya conozcas la historia o, incluso, que hayas sido tú quien se lo haya dicho un tiempo atrás. Entonces, con sutileza, miras el reloj en el mejor de los casos, a ver si así se da cuenta de que te quieres ir. También optas por decir “Bueno, pues…” en un intento de despedirte. Y tu última opción siempre será dar un paso hacia atrás, pero no sirve de nada, porque como es Einstein, actúa de manera proporcional, que tú das un paso hacia atrás, él lo da hacia adelante.

Y luego está ese 1% donde sí existen narradores que cuentan una buena historia, ya sea porque la leen o porque la escuchan, pero normalmente suele ser porque alguien ha sido el primero que la ha visto en un periódico, en un libro, en un cuento, por internet… Yo me quedo con este 1%, ¿quién no? Y aquí nos encontramos a Edgar Allan Poe, el maestro en el relato corto. Saber contar algo no es fácil, lo acabamos de ver, no solo abres la boca y sueltas prenda, hay que transmitir las emociones que a ti te ha creado, y puedes aburrir (el miedo de todo escritor). No obstante si la atmósfera, los personajes, el ambiente, todo menos el relato en sí, es bueno, la historia te gustará leerla y, por tanto, la contarás con entusiasmo sin que se te escapen los detalles e imitando como puedes al autor. Entonces todos seremos Poe.

Empieza por contar las piedras,

luego contarás las estrellas, León Felipe.

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