El escándalo perfecto, de DELILAH MARVELLE

el escándalo perfecto

Si había algo que Tristan Adam Hargrove, cuarto marqués de Moreland, había aprendido a evitar, era el escándalo. Porque el apuesto marqués no solo era un caballero honorable incapaz de seducir a una mujer en provecho propio. También era el autor de Cómo evitar un escándalo, el célebre libro rojo que se había extendido como un incendio entre la aristocracia londinense.

Cuando una belleza de negra melena llegó a su vecindario, Tristan comprendió que no debía sucumbir al deseo. Sabía muy poco de aquella mujer: solo que era de noble cuna, que se hallaba bajo la protección de la Corona y que era, por tanto, completamente inadecuada para las bajas pasiones a las que él se entregaba en secreto. Si no hubiera visto su vulnerable belleza una noche aciaga… Si sus labios no fueran tan arrebatadoramente rojos… Si no fuera ya demasiado tarde para salvarla a ella, y a sí mismo, de la pasión irrefrenable que estaba a punto de desatarse en nombre del amor… hubiera podido evitar el escándalo.

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DELILAH MARVELLE: “Pasé mi juventud estudiando varios idiomas, leyendo vorazmente, y tocando el piano. Confieso que aquí termina la medida de mi gentil crianza. Yo era una niña traviesa que siempre torturaba a sus padres con un sinnúmero de aventuras que no consideraban respetables. Confinada en mi habitación, en muchas ocasiones debido a estos contratiempos, pronto descubrí la pluma y su increíble poder. Describía un sinfín de historias que casi siempre rodeaban el tema del amor, porque sentía necesidad de ser rescatada de una familia que no entendía mi pasión por la vida. En mi mente, el rey Arturo se convirtió en mi verdadero amor y yo esperaba el día en que él vendría cabalgando sobre su caballo y me invitaría a sentarme a la mesa redonda. Para mi desgracia, el rey Arturo no se encontraba en ninguna parte excepto en la punta de la pluma. Y así he llevado una vida imaginaria por muchos, muchos años. Cuando finalmente fui mayor de edad, mi familia se horrorizó más al descubrir que me había enamorado de un americano. Un estadounidense que se convirtió en el rey Arturo mi caballero, mi marido, mi todo. He sido bendecida más allá de la razón y estoy agradecida por cada día que paso con él. Lo que es igualmente sorprendente es que ahora tengo la oportunidad de compartir mi pasión por las historias con el público. La razón por la que escribo es el romance, ya que me permite tocar sobre el tema del amor en un nivel más íntimo más profundo. Muchas de las historias que escribo, muchas de las historias que voy a seguir escribiendo, siempre evolucionan en torno al amor. Y sí, amables lectores, que también evolucionan en torno al sexo ya que no tengo intención de convertirme en mis padres y les permito a mis personajes que hagan lo que realmente desean hacer. Yo reto a ustedes, mis lectores, para que den rienda suelta de esos corsés que han sido colgados muy apretados debido a la convención de 1830 y disfruten al máximo”.

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