La hija del pirata, de BRENDA JOYCE

Siento cierta debilidad por los corsarios, lo admito, esos hombres de cabellos hasta el hombro, pendientes en la oreja, tatuajes ocultos y unas tremendas ganas de huir de la realidad capitaneando su navío hacia tierras insospechadas…

Así me imaginaba que sería La hija del pirata, pero me equivoqué, tanto para bien como para mal. No es el primer libro de Brenda Joyce que leo. No es de mis autoras favoritas pero sus historias me gustan, me entretienen, y este libro es un ejemplo de ello.

la hija del pirata

Amanda Carre, de diecisiete años, es la hija de un hombre al que van a ahorcar por piratería. En su intento por salvar a su padre, ofrece su virginal cuerpo al gobernador de las islas, pero el capitán De Warenne lo presencia y lo impide, apiadándose de ella y sacándola de allí. La noche antes de la ejecución, el acusado le exige a su hija que le prometa regresar a Inglaterra en busca de su madre, a quien ella no conoce. Amanda acepta y le pide ayuda a De Warenne, el cual accede sin dudar.

Cliff De Warenne es el tercer hijo del conde de Arade de Irlanda, es decir, nadie, pero ha sabido construirse un presente y un futuro gracias a los comercios y negocios que ha realizado bajo el servicio de la corona británica con su barco, el Fair Lady, uno de los navíos más rápido, lujoso y poderoso jamás conocido. Su reputación de corsario y seductor le precede.

En el viaje de vuelta a Londres, Cliff se llevará consigo a sus dos hijos, Alexi y Ariella. No está casado, porque no quiere; no es viudo tampoco y sus amantes no son rameras, sino mujeres de alta alcurnia. Cuentan que la madre de uno de sus hijos es una princesa exótica. Es un mujeriego, sutil pero un mujeriego al fin y al cabo. Es muy atractivo, joven, rico e influyente, un gran partido, pero se niega al matrimonio, está feliz con su soltería e hijos ya tiene, no necesita nada más. No obstante, la señorita Carre supondrá un antes y un después en su vida.

Amanda es analfabeta. No sabe leer ni escribir y no se comporta como una dama, dado que su madre es lady Bedford. Sus andares son masculinos, su lengua viperina, viste con ropas de hombre y lleva toda su vida subida en el barco de su padre. El mar y los navíos son su pasión y no desea otra cosa que ser un marinero del capitán De Warenne, pues lo último que quiere es pisar tierra firme y asentarse con una madre que no ha visto en su vida, pues le da pánico no ser bien recibida tanto por sus modales como por su aspecto. Y se equivoca, pues es bellísima, y no lo sabe, lo que la hace más hermosa si cabe.

Cliff escuchará sus miedos y con ayuda de su hija Ariella y el tutor de sus niños que viaja con ellos harán de Amanda Carre una dama. Sin embargo, el viaje es demasiado corto para convertir a una marinera inculta en una dama versada, por lo que al regresar a Inglaterra De Warenne se hará cargo de su tutoría y la instalará en casa de su familia, con él incluido…

Amanda se enamorará perdidamente de Cliff, pero, ¿y Cliff? De Warenne se sentirá profundamente atraído por aquella beldad de rasgos exóticos que es capaz de blandir una espada mejor que cualquiera de sus hombres, la mujer más valiente que jamás ha conocido, no obstante, el matrimonio no es para él, ¿o sí?

Los personajes son completos, simples, sin pasados desastrosos, pero con personalidades cariñosas, divertidas, inteligentes y fuertes. Tanto los principales como los secundarios me han llegado al corazón. Y la señorita Carre es el mejor de todos, por su ingenio, sus dudas, su valentía, su inocencia y su entrega.

Las escenas de amor las valoro también de forma muy positiva, pues la tensión sexual está presente de principio a fin, suspirarás porque no hacen más que pegarse contra un muro. Se gustan, pero se detienen, más en especial él, que se niega a aceptar las nuevas emociones que hacen palpitar su pecho, pues dicen que cuando un De Warenne ama, lo hace una única vez y para siempre con toda su alma. Y lo comprendes, entiendes la actitud de Cliff y la de Amanda. Te introduces por completo en la trama, una trama sencilla y bien construida que no deja títere sin cabeza, sino que cada detalle queda resuelto, ya sea a base de diálogos o de acciones.

El punto negativo es que me he quedado con ganas de más en cuanto a la estancia de la joven marinera en Londres, pues apenas sale de la casa y lo poco que sale es para visitar a grandes damas que la ayudarán a entrar en sociedad, pues para encontrar un futuro (su madre se niega en redondo a reconocerla) necesita un marido y eso implica la presentación de la señorita Carre, pupila del hijo del conde de Arade, en sociedad. Me ha faltado ese toque de la aristocracia en sus grandes salones, alguna visita por la ciudad, pretendientes que luchen contra Cliff por tal belleza indómita…

Y también el hecho de que tanto Cliff como ella adoran el mar, pero se quedan a vivir en Inglaterra, no he llegado a comprender ese punto, o quizá me ha faltado algún viaje más.

Aún así, la familia de Cliff me ha encantado, de hecho tengo unas terribles ganas de leer la historia de amor de los hermanos De Warenne, pues parece que he empezado por el final.

La hija del pirata… ¿A qué esperáis, grumetes? ¡Izad las velas y levad anclas, comencemos el viaje!

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