Un romance imposible, de JACQUIE D’ALESSANDRO

un romance imposible

Un romance imposible es un libro que me leí cuando lo publicaron hace años en versión de bolsillo y que me lo he vuelto a leer (por cuarta vez) ahora que han sacado una nueva edición. Se ha convertido en best seller, ¡y no me extraña!, es una historia cautivadora y muy tierna. Sin, duda, desde mi humilde opinión de lectora compulsiva de romance histórico, es la mejor obra de Jacquie D’Alessandro. Veamos el porqué…

Época de la Regencia (mi época favorita para cualquier romance escrito, ya solo con esto abrí el libro encantada). Alex, Alexandra, o como prefiere que la llamen, madame Larchmont, tiene un don: puede ver el pasado, el presente y el futuro de las personas al echarles las cartas del tarot, unas cartas especiales que provienen de su familia. Ha nacido y crecido en las calles, ha robado a los ricos para poder vivir, hasta que un día decidió terminar con esa vida y labrarse un nombre entre la aristocracia.

Pero más que una decisión fue su propia sentencia… Ese día estaba intentando robar un reloj a un aristócrata, cuando el propio caballero la pilló, por lo que Alex salió huyendo, con el cuerpo temblando debido a dos cosas por completo opuestas: que podía ir a la cárcel y que se había enamorado del que sería quien la denunciara ante las autoridades. Desde entonces, la visión de aquel hombre no deja de importunarla, no solo por su aspecto, sino porque el tarot le aconseja que se esconda todo lo que pueda de él, una oscuridad envuelve al noble, sangre y traición lo acompañarán hasta el final.

¿Y quién es él? Colin Oliver, vizconde Sutter, ha abandonado su residencia de campo para alojarse en Londres y buscar esposa. Y desde luego será bien distinta a madame Larchmont, una joven y muy bella adivinadora famosa en los salones de la aristocracia, donde es contratada para echar el tarot.

Es en una fiesta cuando empieza el libro, es en esa fiesta cuando Colin conoce a Alex, es en esa fiesta cuando madame Larchmont sale despavorida en cuanto ve al vizconde Sutter. Y, para consternación de la joven, al esconderse tras unas cortinas y esperar a que el apuesto caballero a quien intentó robar cuatro años antes ceje en su intento de perseguirla, Alex escucha lo que será un futuro asesinato que tendrá lugar entre la flor y nata, que iniciará un camino de traiciones, sangre y mentiras. El propio Colin será quien la protegerá y la ayudará para desmantelar tal maldad.

A pesar del pasado e incluso del presente de Alex, en ningún momento sientes lástima hacia ella, es más, la aplaudes, sonríes con sus logros y la felicitas por su fortaleza y dulzura. Es una joven con los pies sobre la tierra. Era una ladrona, que apenas comía y se mantenía a flote hasta que se introduce en la nobleza. Ahora vive entre ellos, pero sabe que no puede confiarse, pues esa temporada social londinense está encantada con el curioso don de la muchacha, aunque no crean en ella, les gusta a los aristócratas “conocer” su posible futuro, es un mero entretenimiento en sus aburridas vidas de continuos bailes y derroche de dinero. Y Alex sabe que en cualquier momento esa vida que ahora posee de prestigio puede desbaratarse en cualquier instante. Es realista y no se permite soñar, aunque se siente irremediablemente atraída por Colin con una fuerza imposible de ignorar. Las cartas la obligan a alejarse, pero su dulce corazón tiene otros planes para la joven…

Colin es un caballero por entero que sufre por una traición que cometió él hacia su hermano en el pasado y que no se permite olvidar, como su propia penitencia. Es un trauma que convierte al protagonista masculino en uno de los mejores que he tenido el gusto de conocer. Es humano, sufre, ha cometido errores, pero su corazón es puro, noble, entregado y, sobre todo, enamorado de una ladrona desde hace años… Reconoce enseguida a Alex, pero decide hacer como si nada para no ahuyentarla, porque la ama y la quiere para él, pero teme que sus sentimientos no sean correspondidos.

Es una historia chispeante con escasas pero preciosas escenas eróticas, algo que agradezco, pues así podemos vivir con mayor intensidad el anhelo, experimentar junto a Colin y a Alex el amor que va creciendo poco a poco hasta derribar las barreras invisibles que lo obstaculizan.

La trama es sencilla, pero completa, candente y hechicera. Los pensamientos que tienen los protagonistas en cuanto al amor, las dudas que los corroen no son aburridas, ni repetitivas, ni mucho menos, al contrario, son las justas y necesarias y atrapan al lector en el camino de un tarot que cariñosamente nos pellizca el corazón de principio a fin.

Y una de mis escenas favoritas… Uf, cargada de sensualidad… Es la segunda noche en que Colin acompaña a madame Larchmont a su casa. El vizconde conoce la predilección de Alex por los dulces, igual que él, pues ambos son amantes del dulce (amante es quedarse corto para describirlos). En el carruaje la tienta con unos pastelitos de bizcocho, frambuesa y chocolate. Como ella lleva guantes, él, caballerosamente seductor, decide darle de comer. Y se queda boquiabierto, ardiente y sin aliento ante la imagen de ella deleitándose con el dulce. Decide, entonces, darle todos los pastelitos a Alex y probarlos él mismo de los labios de la joven adivina con un solo roce… Uf, una escena que sube los colores hasta a la más puritana.

Es un libro encantador, perfecto para soñar durante horas, muy ameno, fenomenal escrito y perfectamente construido. Es sencillo y seductor…

¿Te atreves a conocer el destino de Colin y Alex?

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